Túnez: las mujeres-bastión contra los Hermanos Musulmanes

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De Souad Sbai

La tensión aumenta en Túnez antes de las elecciones presidenciales, cuya celebración ha sido adelantada al 15 de septiembre debido a la reciente muerte de Beji Caid Essebsi. El arresto del magnate Nabil Karoui, líder de Qalb Tounes y en cabeza en las encuestas, parece haber acabado definitivamente con el principal rival del primer ministro Youssef Chahed, fundador de Tahya Tounes, un partido nacido de la separación del partido Nidaa Tounes de Essebsi. Nidaa Tounes, que se está quedando sin candidatos internos, apoyará a otro de sus tránsfugas, Mohsen Marzouk, quien actualmente es el líder de Machrouu Tounes.

La progresiva desintegración de Nidaa Tounes (que inicialmente también contaba con el apoyo de Karoui) y la dispersión del voto laico y moderado podría beneficiar a los Hermanos Musulmanes, que hoy son la primera fuerza política en el Parlamento.

Ennahda también se presentará a las urnas dividido. De hecho, Abdel Fattah Mouro, el candidato oficial elegido por el líder Rachid Ghannouchi, tendrá que enfrentarse al reto interno del campo islamista emitido por Moncef Marzouki, primer presidente del post-Ben Ali, aunque no elegido democráticamente, y Hammadi Jabali, ex miembro del partido.

Por otro lado, dada la improbabilidad de que uno de los 26 candidatos obtenga la mayoría absoluta, Mouro aspira a alcanzar un porcentaje de votos que le permita ganar la segunda vuelta del 3 de noviembre, cuando intentará aprovechar las diferencias existentes dentro del campo laico y moderado para así obtener la victoria final. Un escenario que a día de hoy no parece imposible.

Tanto Mouro como Ghannouchi han expresado reservas sobre el arresto de Karoui, haciendo referencia a una superposición entre el poder judicial y el poder político en una fase tan delicada como la de la campaña electoral. De esta manera, quisieron tender la mano a los partidarios de Karoui, a cuyos ojos Chahed es sumamente impopular, para hacer que voten al candidato de Ennahda en una posible segunda vuelta contra el líder de Tahya Tounes.

Los Hermanos Musulmanes están listos para aprovecharse de las rivalidades que están devorando el campo laico y moderado. Marzouki y Jabbaki difícilmente serán capaces de quitar los votos a Mouro – suponiendo que estas son su intenciones – teniendo en cuenta la firmeza y la disciplina que tiene el electorado de Ennahda, que sigue siendo el único partido verdaderamente organizado y arraigado a nivel territorial en Túnez. También queda por verificar, cuánto podría realmente influir el aparato secreto de Ennahda – acusado del asesinato de dos opositores políticos – en las votaciones desfavorable al partido islamista de la segunda ronda.

Un nuevo presidente Hermano Musulmán para Túnez sería un verdadero desastre ya que impediría que el país continúe por el camino de los derechos civiles trazado por Essebsi, el primer presidente elegido democráticamente que derrotó al propio Marzouki. Las más afectadas serían las mujeres, el 61 por ciento de las cuales votó a favor de Essebsi en 2014.

Aunque todavía no gozan de plenos derechos, el estatus de las mujeres tunecinas es significativamente superior al del resto de las mujeres en el mundo árabe. Mérito del “Código de Estado Personal” introducido por Bourguida tras la independencia de Francia. Essebsi tenía la intención de completar el proceso de afirmación de los derechos de las mujeres y para obtener dicho fin estableció la “Comisión de Derechos Individuales e Igualdad”, impulsando la creación de un proyecto de ley para la igualación de los derechos de herencia: un paso adelante enorme capaz de provocar repercusiones en el resto de los países de la región.

Sin Essebsi y con un campo laico y moderado dividido debido a luchas internas de poder, las mujeres miran con temor la posibilidad de que se den pasos hacia atrás en los derechos. Temen perder lo que se ha logrado conquistar y mantener hasta ahora gracias al coraje y la determinación de miles de líderes y activistas.

Por todo esto, las únicas dos mujeres presentes entre los 26 candidatos a las elecciones presidenciales, Abir Moussi y Salma Al Loumi, se oponen abiertamente a los Hermanos Musulmanes. Abir Moussi, de 44 años, presidente del Partido Constitucional Liberal de Túnez (Destourian), no reconoce a Ennahda como un partido político legítimo y se niega a entablar una conversación con los militantes o simpatizantes (presentes y pasados) de los Hermanos Musulmanes.

Al Loumi, quien fue ministra de turismo, trabajó con Essebsi en Nidaa Tounes y con Ennahda tuvo que soportar una difícil convivencia parlamentaria: un mal necesario, que sin embargo ha permitido detener el avance de la agenda fundamentalista de la Hermandad.

Gracias a la candidatura de Moussi y Al Loumi, la cuestión de los derechos de las mujeres sigue estando en el centro del debate y del proceso político tunecino. Las mujeres serán la mayoría de los nuevos jóvenes votantes de 18 años y podrían representar el equilibrio tanto en las elecciones presidenciales como en las elecciones las parlamentarias que se celebrarán en octubre. El papel de las mujeres tunecinas es el de guiar a la nueva generación y el de actuar como un bastión contra el fundamentalismo de los Hermanos Musulmanes. Ellas son quienes han recogido la herencia laica y moderada que Essebsi dejó.

 

 

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