¿El Islam político ha muerto? Los Hermanos Musulmanes están más vivos que nunca

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De Souad Sbai


“El islam político está muerto”. Esta es la sentencia emitida por Olivier Roy durante una reunión centrada en el diálogo entre religiones y culturas  “Encuentro por la Amistad entre los Pueblos” celebrada en Rimini. Los análisis que respaldan la tesis del famoso erudito francés son, sin lugar a dudas, sabios y la autoridad de la fuente los cubre con ese aura de credibilidad capaz de persuadir al público y a los medios de comunicación. ¿Pero es realmente así? ¿El islam político está realmente “muerto” y con él “la yihad también está muerta a nivel mundial”?

Estas preguntas deberían ser planteadas directamente a quienes hoy encarnan el islam político. Me refiero a los Hermanos Musulmanes, sunitas y chiítas. ¿Cuál sería la respuesta de Erdogan, los emires de Qatar, el jeque Al Qaradawi y el Guía Supremo del Irán jomeinista, Ali Khamenei? ¿Qué respondería Hezbolá, los Houthi y las redes transnacionales de militantes de los Hermanos Musulmanes quienes encuentran en Estambul, Doha y Teherán los principales puntos de referencia en el camino hacia el Califato que algún día regresarán?


La respuesta sería un gran y sincero “gracias”. De hecho, proclamar el fin del islam político es equivalente a ocultar la existencia actual de una amenaza tanto para la paz y la seguridad de Medio Oriente y del norte de África, como para los derechos humanos de los pueblos de la región: un incentivo para las ambiciones de los Hermanos Musulmanes, que a pesar de los pasos en falso de la Primavera Árabe nunca han renunciado al objetivo de conquistar el poder para establecer dictaduras fundamentalistas mediante derrocamientos de régimen y de elecciones democráticas.

Además, proclamar el fin del Islam político es un incentivo para que los Hermanos Musulmanes continúen con el modus operandi hasta ahora adoptado en Europa, incluida Italia, donde naturalmente es más fácil hacer avanzar la propia agenda fundamentalista si las mezquitas, los centros culturales y los imanes financiados por Qatar no son reconocidos como miembros pertenecientes a la Hermandad sino que son representados de manera errónea como una expresión del Islam moderado. “Qatar Papers” docet.

También daría las gracias a los (¿falsos?) profetas de la muerte del Islam político la comunidad internacional yihadista contemporánea, que se inspira en la ideología de los Hermanos Musulmanes. ¿Deberíamos dejar de interesarnos por las personas radicalizadas, como sugiere Roy, porque “Al Qaeda e ISIS han sido derrotados en el campo y [solamente] resisten aquí y allá en el mundo algunos combatientes que sin embargo están vinculados a conflictos locales”? Esto contrasta con las alarmas de terrorismo más recientes lanzadas por la ONU y la Unión Europea, que arrojan luz sobre una realidad muy diferente de la prefigurada por Roy. De hecho, el adoctrinamiento y el reclutamiento avanzan incesantemente tanto en la web como en las cárceles y esto es un signo de la vitalidad tanto de la ideología como de las redes yihadistas.

Enfatizar el hecho de que el Islam político hasta ahora no ha logrado sus objetivos, de ninguna manera certifica su muerte. Los fracasos que tuvieron lugar durante y después de la Primavera Árabe – en términos de capacidad del gobierno (Egipto) o por no haber conseguido provocar los cambios de régimen deseados (Siria) para conquistar la exclusividad del poder (Túnez, Libia) o a la hora de mantener los territorios conquistados (ISIS en Siria e Irak) – son parte de ese camino hacia el Califato que los Hermanos Musulmanes y los grupos yihadistas saben que será largo y lleno de obstáculos, con caídas y momentos desfavorables, pero también con resurgimientos y ocasiones propicias que están listos para aprovechar.

Un hecho del que es muy consciente el Secretario General de la Liga Musulmana Mundial, Muhammad Al Issa, quien intervino en la Reunión de Rimini inmediatamente después de Olivier Roy. El que fue ministro de Justicia en Arabia Saudita, Al Issa proviene de una región – el Golfo – cuyos países han sufrido la nefasta influencia del Islam político de los Hermanos Musulmanes. El conflicto al que se enfrenta el Cuarteto Antiterrorismo (compuesto por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto) contra Qatar, representa el intento del mundo árabe de liberarse de una vez por todas de la Hidra de la Hermandad. Una hidra que permanecerá viva y al acecho mientras haya Estados canalla guiados por el liderazgo islamista que ofrece su apoyo, junto a intelectuales y académicos occidentales que, consciente o inconscientemente, aportan una fuerza vital cuando declaran su muerte.


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