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Argelia rechaza la trampa de otro Bouteflika

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El pasado 5 de julio, por el aniversario de la independencia de Francia, las calles de Argelia volvieron a llenarse con decenas de miles de manifestantes. En los últimos viernes de hirak, que en árabe significa movimiento, el seguimiento había descendió ligeramente. Pero en la fecha simbólica de la liberación, la población quiso mostrar su firmeza. Es una advertencia para quienes lideraron la liberación en 1962; posteriormente el nacionalismo y el autoritarismo desnaturalizó sus ideales hasta el punto de tratar de dividir y encauzar también las manifestaciones de 2019. Después de que ex presidente ya fallecido Abdelaziz Bouteflika fuese presionado a dimitir, el nuevo hombre fuerte de Argelia, Ahmed Gaid Salah, se convirtió en el Jefe de Estado Mayor. Su decisión de declarar incapacitado al octogenario jefe de Estado, siguiendo la línea de las peticiones del pueblo, no preveía una adhesión al proceso democrático pero sí preveía un movimiento oblicuo para bloquearlo, tratando de comprar a la oposición y de amaestrar a la multitud. Durante las últimas protestas, Gaid Salah se quitó la máscara y arrestó a unos cuarenta argelinos que agitaban la bandera bereber, líderes comunistas y activistas de derechos humanos. “Un peligro para la unidad nacional,” afirmó.

NO A LA VÍA EGIPCIA

La fuerza de los argelinos es su concienciación. A diferencia de muchos partidos de la oposición, no caen en las trampas del deteriodado aparato de poder y probablemente, por este motivo no consiguen encontrar líderes políticos. Pero en cambio, obligan a los autócratas a renovarse, por ejemplo, rechazando una vía egipcia con un presidente como el general Abdel Fattah al Sisi. El Consejo Constitucional se vio obligado a posponer las elecciones del 4 de julio, a la final del mandato del presidente ad interim, en ausencia de una nueva autoridad electoral y constituyente; un hecho señalado en las manifestaciones. Y el 12 de julio, el vigésimo primer viernes consecutivo de protestas, los manifestantes respondieron a las declaraciones militaristas de Gaid Salah pidiendo “un Estado civil, no militar”. Han sido prohibidas las banderas bereberes “el intento de una pequeña minoría de infiltrarse”. Según el líder bereber Said Sadi del Grupo para la Cultura y la Democracia (RCD) que participa en las protestas, “en 2019 brotaron las semillas de una Argelia plural plantadas en 1980”, el año de la primavera bereber. Aquellas manifestaciones significaron la apertura al reconocimiento de la cultura y del idioma de los amazigh , marginados también por el régimen militar por el Frente de Liberación Nacional (FLN) de Bouteflika y Gaid Salah.

LOS ISLAMISTAS NEUTRALIZADOS

Actualmente el número dos de la Defensa todavía utiliza el nacionalismo árabe contra la independencia bereber, para dividir el Movimiento del 22 de febrero con nuevas protestas. Es un juego peligroso, después de la clarividencia mostrada por el ejército en los últimos meses, porque podría volver a quemarse Cabilia. La región del noreste contagiada por el yihadismo, donde se concentran los casi 10 millones de bereberes de Argelia (entre el 20% y el 30% de la población), tiene una tradición de grandes revueltas desde la época de la dominación romana. El FLN de Gaid Salah tuvo un juego fácil a la hora de neutralizar a la oposición islamista, nombrando este mes de julio al hombre de los Hermanos Musulmanes Slimane Chenine presidente del parlamento de la era post-Bouteflika. Pero con los bereberes, “hombres libres” ( amazigh  en su idioma), es más difícil: los pueblos indígenas del norte de África se han rebelado contra la llegada de los turcos, de los árabes, contra la colonización occidental y, finalmente, contra el régimen. En los últimos años en Cabilia, también han crecido peligrosas franjas nacionalistas, como sucedió entre los islamistas durante la guerra civil que tuvo lugar entre 1991 y 2002 debido a la represión de los militares y su marginación política. Con el golpe de Estado que anuló su victoria en el voto democrático.

OPOSICIÓN: PLAZA UNITA, PARTIDOS DIVIDIDAS

La transición hacia el multipartidismo, a favor del frente islamista, acabó con la suspensión de las libertades democráticas y resultados trágicos. Los líderes militares tienen memoria y hasta ahora han procurado no cometer el mismo error, quizás con la esperanza de conseguir seducir a la población joven. En cambio, los millones de argelinos que están protestando desde febrero prefieren un proceso más largo antes que otro presidente-dictador. Para crear una comisión electoral independiente y un constituyente que reforme las leyes y los mecanismos institucionales, parte de las fuerzas de oposición que se están con el movimiento popular se han unido a una plataforma para el diálogo con el FLN, coordinada por personalidades independientes. El presidente ad interim Abdelkader Bensalah buscó el diálogo para desbloquear el punto muerto haciendo grandes concesiones. Pero al mismo tiempo, su mano derecha, Gaid Salah, hacía arrestar a los líderes del Partido de los Trabajadores, activistas y manifestantes bereberes; También al héroe de la guerra de liberación Lakhdar Bouregaa, de 86 años, por “insultar al ejército”. Los movimientos golpeados han rechazado la hoja de ruta con el FLN y la plaza está con ellos. Pero con una oposición dividida a nivel político, el futuro de Argelia sigue siendo incierto.

 

 

Fuente: Lettera43

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