Slimane Chenine (Lapresse)

Caos Argelia / Llega el nuevo régimen con los Hermanos Musulmanes Slimane Chenine fue elegido presidente de la Asamblea Nacional de Argelia. Los Hermanos Musulmanes se introducen en los ganglios del poder

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De Souad Sbai


Argelia. Algunos lo han llamado “inocentada”. En realidad, el nombramiento plebiscitario del Hermano Musulmán Slimane Chenine como nuevo presidente de la Asamblea Nacional no sorprende a nadie ya que, desde el comienzo de la crisis, se ha advertido sobre la posible unión de las mayores potencias argelinas contra la protesta democrática: militares, civiles de matriz bouteflikiana e islamistas.

Ante la intransigencia de los manifestantes a la hora de reclamar la salida de escena de todos los miembros del antiguo régimen, este último recurrió a los Hermanos Musulmanes para desbloquear el callejón sin salida político-institucional existente y proceder a la elección del sucesor de Bouteflika a la presidencia de la República.


El 2 de julio, la dimisión como presidente de la Asamblea Nacional de Mouad Bouchareb, miembro del Frente de Liberación Nacional, el partido de Bouteflika, se aprobó como una concesión a las solicitudes populares, pero ya incluía las condiciones del engaño que supuestamente fue configurado después de 9 días, con la elección de Chenine.

Con sus 47 años, Chenine es el presidente más joven que ha tenido la Cámara Baja del Parlamento y es el primero que no proviene del Fln que, junto a sus representantes sigue enfatizando el “buen gesto” otorgado al conceder a un diputado de la oposición que se siente en el asiento más importante de la Asamblea, porque “el interés del país es lo primero”.

La ostentación de responsabilidad institucional, sin embargo, es una tapadera demasiado pequeña para ocultar las verdaderas intenciones que han empujado a todos los diputados del Fln, excepto una abstención, a coincidir en la nominación de Chenine, cuestionada en cambio por los partidos democráticos y reformistas, excluidos de la votación porque se habían retiraron anteriormente de la Asamblea como signo de solidaridad con la protesta. Chenine es el líder de una coalición de tres partidos fundamentalistas que comparten la ideología de los Hermanos Musulmanes, los protagonistas más feroces de la guerra civil argelina. A pesar de contar solamente con 15 de los 462 escaños, estos partidos están bien establecidos a nivel territorial y llevan mucho tiempo esperando la oportunidad justa para ser cooptados al interior del establisment y de las instituciones.

El apoyo formal a las manifestaciones contra Bouteflika tenía como objetivo aprovechar las posibles oportunidades de ascenso político que las calles podrían haber brindado, al estilo de la falsa-Primavera Árabe, a pesar del objetivo de reemplazar la dictadura laica de Bouteflika que cuenta con el apoyo de los militares por una dictadura fundamentalista que difiere profundamente de las aspiraciones democráticas de los viernes de protesta.

Al mismo tiempo, los Hermanos Musulmanes esperaron pacientemente que el “diálogo entre sordos” que ha tenido como protagonista al antiguo régimen y la protesta se derrumbara definitivamente tras el aplazamiento de las elecciones presidenciales que tendrían que haberse celebrado el 4 de julio. El no de la protesta al diálogo propuesto sin la participación de los militares y de los representantes de las instituciones, promovido por el presidente ad interim bouteflikiano Abdelkader Bensalah, ha impulsado la convergencia entre el antiguo régimen y el componente islamista, de cara a no abandonar la Asamblea nacional.

El escenario que ahora se vislumbra es el de definir una nueva fecha para las elecciones presidenciales; hasta ese día Bensalah permanecerá en su cargo a pesar de que su tiempo ya ha acabado y a pesar de que los argelinos continúan pidiendo la salida de la escena. Las elecciones se llevarán a cabo con una nueva ley electoral aprobada por la actual Asamblea Nacional, donde no hay representantes de la protesta. Con el nombramiento de Chenine se ha ratificado el acuerdo entre el Fln y los Hermanos Musulmanes, que acordarán quién será coronado como la próximo presidente argelino.

El proceso es gestionado entre bastidores, pero no demasiado, por el Jefe de Estado Mayor del Ejército, Ahmed Gaid Salah. Habiendo comprobado la imposibilidad de seguir apoyando a Bouteflika, decidió dimitir para contentar temporalmente a los argelinos. Posteriormente se autoproclamó garante de la aplicación de los procedimientos constitucionales para el nombramiento de un nuevo Jefe de Estado, a fin de gestionar la transición de una manera favorable a la posición de poder de los militares.

De ahí la investidura de Bensalah, quien fue presidente del Senado  y quien como presidente ad interim de la República estableció la celebración de nuevas elecciones de acuerdo con el calendario establecido por la Constitución, sacando de las urnas una versión endulzada de Bouteflika. Pero la protesta ha rechazado esta perspectiva, acusando al general de querer establecer un régimen militar.

La respuesta de Saleh no se hizo esperar. El general definió como “traidores” a los opositores al Ejército, dio luz verde al acuerdo con los Hermanos Musulmanes y por lo tanto, a la nominación de Chenine, intensificado la represión, con arrestos y palizas con motivo del vigésimo viernes de protesta del 5 de julio, el día de la independencia de Francia.

El vigésimo primer viernes de protesta del 12 de julio vio las calles de la capital, Argel, como siempre abarrotadas por decenas de miles de manifestantes, quienes corearon sus consignas contra el general y contra el antiguo régimen. Sin embargo, se está formando un nuevo régimen que ve la creciente influencia de los Hermanos Musulmanes, que está siendo utilizado por el establishment civil-militar para sobrevivir y que continúa pisoteando los derechos y las libertades de los argelinos.

 

 

Il Sussidiario


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