Trump recibe al Emir de Qatar pero sin someterse

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Tamim al Thani, emir de Qatar, en una visita a Washington promete duplicar las inversiones en Estados Unidos. Las dulces palabras de Trump, con las que le dio la bienvenida, no deben dar lugar a malos entendidos. Se habla solamente de negocios, pero no de alianza política. El emir no contará con el apoyo de Estados Unidos contra los saudíes. En cambio, esto no ocurre en Italia, que acepta plenamente la línea de Qatar (incluyendo a los Hermanos Musulmanes como “interlocutores”).

De la cena en Quirinale a la de Washington, organizada en honor del emir de Qatar, Tamim Al Thani, por el ministro del tesoro americano, Steven Mnuchin, la noche del 9 de julio: hay similitudes, pero sobre todo diferencias. El principal rasgo en común es el de querer hacer negocios (más allá de las diferencias de escala). La promesa de duplicar la inversión de Doha en Estados Unidos, hasta un total de 250 mil millones de dólares, consiguió que no hubiera deserciones en el establecimiento político y económico, apareciendo nombres particularmente influyentes en el mundo de los negocio americanos sentados en la mesa de Donald Trump.


La presencia en esta misma mesa de Christine Lagarde, lista para pasar del Fondo Monetario Internacional al Banco Central Europeo, refleja la enorme influencia ejercida por los emires de Qatar en los sistemas más importantes del mundo. Una influencia capaz de hacer desaparecer cualquier tipo de recriminación contra las fechorías cometidas por Doha. El apoyo a grupos terroristas y al extremismo de los Hermanos Musulmanes; las condiciones de esclavitud de los trabajadores extranjeros que construyen los estadios para la Copa Mundial de 2022 y los sobornos a la FIFA y a la UEFA para obtener la celebración del evento; las políticas de desestabilización de Medio Oriente y África del Norte, junto con el Irán Jomeinista y la Turquía de Erdogan, ambos enemigos de Estados Unidos y Occidente: todo se desvanece ante la sonrisa multimillonaria de Tamim, acompañado tanto en Roma como en Washington por su primo fiel Mohammed, viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores.

Sin embargo, las dulces palabras dedicadas por Trump al viejo amigo Tamim no deben dar lugar a engaño. El presidente americano ha centrado la atención principalmente en el fortalecimiento de alianzas económicas y en las intenciones de inversión de Qatar en Estados Unidos, sin duda un hecho “muy apreciado”. Pero el enfoque de la Casa Blanca es políticamente muy diferente al del Quirinale; iniciando por el hecho de que la recepción no se llevó a cabo en la residencia presidencial, sino en la sede central del Ministerio del Tesoro, precisamente para enfatizar el carácter económico de la reunión. La conferencia de prensa conjunta que fue organizada por Trump en la tarde del 9 de julio fue una circunstancia inevitable teniendo en cuento el protocolo diplomático y no señala ninguna comunión de intención estratégica, mientras que en el caso italiano el acuerdo incluye incluso la concesión a los Hermanos Musulmanes del status de interlocutor privilegiado de las instituciones dentro de la comunidad islámica del país.

Por lo tanto, en el caso de Estados Unidos no hay ni “sumisión” ni “dulce colonización” por parte de Trump. El presidente americano ha dejado en repetidas ocasiones que prefiere el Cuarteto Árabe Antiterrorista, compuesto por Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Bahrein y Egipto, antes que el nuevo polo del islamismo internacional, formado por Qatar, Irán y Turquía y unido a la ideología de los Hermanos Musulmanes. De hecho, Trump se alió con el Cuarteto Àrabe Antiterrorismo tras el embargo contra Doha lanzado en junio de 2017, acusando a los emires Al Thani por su apoyo al terrorismo. Además, recientemente ha declarado su intención de declarar a los Hermanos Musulmanes como una organización terrorista. Pero la duplicación de las inversiones en Estados Unidos es muy probable que evite esta posibilidad, lo que llevaría a Qatar al aislamiento sin salida. Por lo tanto, para obtener una lectura adecuada de la visita de Tamim a Washington es necesario disipar las nubes de propaganda con las que el ejército electrónico de periodistas y expertos pagados por Doha están describiendo la reunión, que marcaría una profunda crisis en las relaciones de Estados Unidos con Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

Washington mantiene una relación pragmática con Qatar, formada por muchos negocios pero con intereses limitados en el campo de la seguridad. La presencia militar estadounidense en la base aérea de Al Udeid sirve para mantener a Doha bajo control, ya que se considera un socio que da poca confianza. Diez años de mediación con los talibanes en Afganistán han resultado ser poco concluyentes y los progresos llevados a cabo recientemente son más bien el fruto de la necesidad de Qatar de ser recibido en la Casa Blanca.

En lo referente al apoyo al general Haftar en Libia, Trump no tiene intención de dar marcha atrás, como en cambio han afirmado a coro en Twitter un gran número portavoces de Doha en los think tanks americanos y británicos. En cambio, el acuerdo anti-islamista con el presidente egipcio Al Sisi es inamovible y no da lugar a compromisos con los Hermanos Musulmanes. En el frente iraní, a Doha le gustaría que sus buenos oficios estuvieran disponibles para el régimen jomeinista, pero Washington sabe que los emires de Al Thani son todo menos “intermediarios honestos”, a diferencia del sultán de Omán.

Es cierto que Qatar, gracias a su enorme poder económico, logra mantener atado a Estados Unidos, impidiéndole otorgar a Doha el tratamiento de Estado canalla que merece. Pero por parte de la administración Trump no habrá concesiones a las ambiciones de los emires Al Thani, hegemónicos en el mundo árabe-musulmán y con gran influencia en Occidente y en la comunidad internacional.

 

La Nuova Bussola Quotidiana


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