Se revela la verdadera cara de Irán. Y no es agradable

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De Souad Sbai

Los incidentes que han tenido lugar en el Golfo de Omán forman parte de una estrategia ofensiva liderada por el régimen de los ayatolá para desestabilizar a los países árabes. La política muscular de Trump simplemente evita que Teherán oculte sus verdaderas intenciones, como ocurrió en tiempos de Obama y como sucede con la UE.

El avance militar guiado por Irán en la región del Golfo ha alcanzado nuevas alturas. El misil proveniente de Yemen el miércoles 12 de junio se estrelló contra la terminal de llegadas del Aeropuerto Internacional Abha, al noroeste de Arabia Saudita, lleva la firma de las milicias chiitas Houthi armadas por Teherán. Los 26 civiles heridos indican claramente el deseo de provocar muerte y destrucción en el mundo árabe después de que el mundo árabe, con la excepción de Qatar, en las cumbres celebradas recientemente en La Meca, reafirmase su firme voluntad de oponerse a políticas agresivas y a las ambiciones expansionistas del régimen jomeinista y de sus satélites regionales. El hecho de no haber causado muertes en el aeropuerto debe haber llevado a los Houthi a ejecutar un nuevo intento el viernes 14 de junio, lanzando 5 drones listos para bombardear el mismo objetivo, que sin embargo fueron interceptados y destruidos por la defensa aérea saudí.

La ofensiva en los cielos está coordinada con la ofensiva en el agua. El jueves 13 de junio, dos petroleros en el Golfo de Omán fueron víctimas de un ataque que probablemente se llevó a cabo con torpedos y explosivos. En Washington no hay dudas: se trata de Irán, dijo el secretario de Estado Mike Pompeo, mostrando a la comunidad internacional una imagen que confirmaría el regreso a la escena del crimen de una embarcación de los llamados Pasdaran, los Guardianes de la revolución islamista, para eliminar todos los rastros de la paternidad iraní del torpedo que golpeó a uno de los dos barcos.

Así Irán parece haber continuado su ataque anterior contra cuatro barcos frente a las costas de Emiratos Árabes Unidos. Por supuesto, desde Teherán llegan los desmentidos y se reafirma la voluntad de resolver cualquier disputa a través del diálogo. Sin embargo, el ministro de Asuntos Exteriores, Javad Zarif, la cara diplomática de la hidra jomeinista manejada por el líder supremo Ali Khamenei, “pierde credibilidad día a día”, señala el ministro de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Anwar Gargash: “Para suavizar la situación actual es necesario ejecutar acciones sensatas; no basta con decir palabras vacías”. Por lo tanto, la impresión es que, como ya sucedió en el pasado, la línea más suave de Zarif y del presidente Hassan Rouhani ha sido cuestionada con los hechos por los halcones de la República Islámica, quienes encuentran en los citados Pasdaran a los ejecutores de las directivas de Khamenei.

La fecha y los objetivos del ataque en el Golfo de Omán se entrelazan de manera evidente con la visita a Teherán del Primer Ministro japonés, Shinzo Abe, acompañado por Rouhani en presencia de Khamenei el mismo día en que se produjo el incidente. Durante la reunión, Abe exigió la liberación de al menos cinco ciudadanos americanos detenidos en Irán que se encuentran esperando el juicio, sin recibir una respuesta. Pero probablemente su misión forme parte del marco más amplio de las negociaciones que se están llevando a cabo detrás del escenario y que apunte a crear nuevas condiciones para una tregua armada en la región.

El presidente Donald Trump, a pesar de haber relanzado una política decidida hacia Irán al retirándose del acuerdo nuclear, ha declarado en repetidas ocasiones que está dispuesto a reunirse con Khamenei para entablar negociaciones al estilo norcoreano. Una opción que sin embargo, fue excluida por el Guía Supremo, quien dijo a los medios de comunicación de su régimen que no quería repetir “la amarga experiencia” de tratar con el Gran Satanás americano. Una posición compartida por los Pasdaran para quienes las “perspectivas de seguridad, paz y estabilidad en este sentido” propuestas por Abe no son bienvenidas. De hecho, los dos petroleros atacados en el Golfo de Omán nos llevan hasta Japón.

La rama de olivo ofrecido por Abe a Khamenei seguramente merecía una acogida mejor, más allá de la cortesía institucional demostrada por Khamenei al recibir al primer ministro japonés, debido únicamente a razones de mera conveniencia, siendo Tokio uno de los principales importadores de gas iraní. Sin embargo, las acusaciones contra Trump por haber provocado con su línea dura la escalada militar en el Golfo están mal vistas.

El apaciguamiento obamiano y la alta representante saliente de la UE, Federica Mogherini, consintieron al régimen jomeinista ocultar sus intenciones detrás de las sonrisas de Zarif, considerando aceptables las políticas de desestabilización llevadas a cabo por Teherán en la región, así como el incesante desarrollo de su programa de misiles, mientras que el acuerdo nuclear permanecía felizmente en un limbo de incertidumbre que a Khamenei tampoco le disgustaba.

La claridad de Trump a la hora de relanzar a la contraposición ha obligado a Irán a jugar nuevamente pero esta vez mostrando las cartas, mostrando su verdadero rostro: la cara belicosa de los Pasdaran, listos para la guerra contra todos los enemigos de la revolución islamista de la que  dicen ser los Guardianes.

 

 

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