Descubierta red de espías marroquíes en España, concretamente en Cataluña

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Hace dos décadas el reino de Marruecos empezó a mandar a sus mejores vigilantes (espías) al vecino del piso de arriba, a España, que tiene, en su esquina derecha, una buhardilla algo rebelde llamada Cataluña, donde viven 218.985 marroquíes. El propósito de estos vigilantes era montar una red de confidentes para enterarse de todo lo que ocurría dentro de su comunidad. Confidentes a pie de calle (y mezquita) y otros cercanos a personas con una ideología muy marcada (los independentistas).

Empezaron a crear asociaciones y centros islámicos que recibían millones de euros en subvenciones de Papá Marruecos para, en teoría, formar a sus predicadores (imanes), construir mezquitas y controlar a aquellos que hacen una interpretación equivocada (yihadismo) de una religión que la inmensa mayoría de sus seguidores sienten como de paz. Sin embargo, mucho de ese dinero que se envía a las asociaciones de musulmanes acaba desviado al bolsillo de unos vigilantes cada vez más ricos, que usan a sus mujeres para mover los billetes de un sitio a otro a través de empresas fantasmas (tapaderas para blanquear). Parte del botín está en las cuentas de bancos españoles y marroquíes a nombre de los vigilantes y de sus mujeres. El resto -el dinero en cash- acaba en pequeñas cantidades entre los confidentes (el taxista, el camarero, el político, el banquero…) repartidos por Cataluña y por el resto de la geografía española. El epicentro de todo es una agencia de viajes en el Carrer Victòria de Mataró.


Esta es una historia de espías que perfectamente podría haber salido de la cabeza del novelista John le Carré pero que en verdad salió hace muchos años de un despacho en Rabat. Una historia de secretos y corrupción que la llevó hasta Cataluña un coronel llamado Mustapha El Mouahidi, hombre fuerte en la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio de inteligencia exterior de Marruecos. El Mouahidi estuvo en el consulado marroquí de Barcelona hasta 2009, cuando volvió a su país con la misión cumplida. Había montado una red de espías y confidentes en Cataluña que después se extendería por el resto de España.

Una de las piezas fundamentales de esa red era un tipo que llevaba desde 1999 al frente de una asociación en Vilanova del Camí (Barcelona). Su nombre, Nourredine Ziani, aparece en los archivos del CNI como «un peligro para la seguridad nacional». Por ello, en 2013, el Ministerio del Interior lo expulsó de España señalándolo como un agente de la DGED y acusado por el entonces ministro Jorge Fernández Díaz de «promocionar el radicalismo y de tener ideas salafistas».

Tres años antes de su expulsión, en febrero de 2010, Ziani montó la Unión de Centros Culturales Islámicos de Cataluña (Uccic). Con esta asociación, oficialmente, coordinaba 70 mezquitas de Cataluña, formaba a imanes, organizaba actividades y ayudaba a la integración de la comunidad musulmana. Recibía subvenciones de más de dos millones de euros al año del Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos. Aunque ese dinero en realidad acababa en varias cuentas bancarias de Ziani y de su mujer, Atiqa Bouhouria Meliani, clave en una trama con demasiados tentáculos.

Empecemos en 2013, cuando se abre en el Carrer Vitòria de Mataró una agencia de viajes llamada Aya Travel Tours. La registraron tres mujeres: Atiqa Bouhouria, Naima Lamalmi y Naziha El Montaser. Todas empadronadas en el domicilio de Atiqa, en la calle Generalitat de Cataluña en Barcelona. Naima, que tiene una clínica dental en Rabat, está casada con Mohamed Belahrech, jefe de la DGED en la capital del reino. Él es el encargado del control de las mezquitas e imanes en países como España y de mandar a los agentes a sus misiones al extranjero. Naziha también vive en Rabat, es profesora y esposa de Abdellah Boussouf, secretario general del Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero (CCME), un cargo nombrado directamente por Mohamed VI. Una de sus funciones es supervisar el dinero que se envía desde Marruecos a sus comunidades en los países europeos. Y, curiosamente, Boussouf, Belahrech y Ziani (el marido espía de Atiqa) tienen a su nombre registrada otra agencia de viajes, Elysee Travels, afincada en Rabat.

Empresas fantasma

«Todas son empresas fantasmas para desviar y blanquear un dinero que llegaba a la Uccic desde el Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos (donde ahora está trabajando Ziani). De la asociación se hacían transferencias a las cuentas bancarias de Ziani, de su esposa Atiqa y también a la agencia Aya Travel. Y después, parte de ese dinero, acababa en la otra agencia fantasma de Rabat gestionada por tres hombres fuertes del Estado marroquí», explica la fuente jurídica que lleva el caso y que pide no desvelar su nombre. «Esto es como si en España el secretario de Estado de Agricultura estuviera mandando dinero de las arcas públicas a proyectos en Sudamérica, supervisado por el director general de industria alimentaria y luego sus mujeres lo sacan en Perú y lo envían a las cuentas de sus maridos».

Ziani montó la infraestructura en Cataluña. Boussouf y Belahrech enviaban fondos públicos para subvenciones y sus mujeres lo blanqueaban para que el dinero volviera a los bolsillos de sus maridos. Así es la cadena que aparece en los documentos (cuentas de la Uccic, transferencias bancarias, retiradas en efectivo y diligencias de un juzgado de Barcelona) a los que ha tenido acceso en exclusiva Crónica.

Todo se empezó a descubrir internamente en 2015, cuando las personas que se hicieron cargo de la Uccic tras la deportación del espía Ziani, al frente de las cuales estaba Mimon Jalich, realizaron una auditoría de sus cuentas (de 2012 a 2015) al comprobar que casi todo el dinero que habían recibido de Marruecos no se había destinado a los objetivo planteados en sus estatutos. Mimon convocó una asamblea extraordinaria, renovó la junta y comprobó que los números no cuadraban. Un año después toda esa información acabó en el Juzgado de Instrucción 5 de Igualada, que abrió diligencias y cuya Fiscalía lo está investigando como un delito de fraude en subvenciones.

Hay mucho más. «Constituyeron la asociación para montar actividades, aunque en verdad el dinero que recibían era para los propósitos personales de Ziani y de sus jefes de la Inteligencia marroquí», explica uno de los empleados de la Uccic. «Utilizaban la asociación como carcasa. Viven como reyes con el dinero que Marruecos envía a España para prevenir el yihadismo. Y después se lo han gastado también en pagar a los confidentes. Tenemos probado que a uno le daban 300 euros por una información, a otro 500…». En las cuentas de la asociación se pueden ver transferencias casi diarias a las cuentas personales de Ziani y de Atiqa, ingresos que suman más de 240.000 cada dos semanas en 2011-2013.

«Y no han podido justificar prácticamente nada. Atiqa ha declarado en el juzgado (la última vez hace seis meses) y ha presentado cientos de facturas falsas, por ejemplo, de clases de árabe expedidas a fecha del 31 de febrero, un día que no existe», añade. Marta Segura, la abogada que lleva la defensa de Atiqa, no quiere responder a ninguna de estas cuestiones por «estar el caso en un proceso judicial».

«Contratamos una prueba pericial para ver cuánto dinero se podría haber desviado y es imposible saber la cantidad completa porque tenían cuentas en muchos bancos. Conseguimos, por orden judicial, los movimientos bancarios hechos en el Banco Popular -donde había una cuenta con 1,3 millones- y la Caixa. Pero Ziani y su mujer tenían cuentas también en ING y Deutsche Bank», explica la fuente jurídica. «Son unos estafadores que pensaban que iban a salirse de esta impunes. Y si se empieza a rascar más a fondo nadie se imagina lo que se puede encontrar», asegura Mimon Jalich, actual presidente de la Uccic, cuya firma aparece falsificada en un cheque de 49.000 euros a la mezquita de Sabadell que nunca llegó realmente. «Atiqa intentó justificar los gastos con un congreso de ulemas (estudiosos del islam, por el que recibieron una transferencia de 390.410 euros desde Marruecos) con varias facturas de más de 50.000 de Aya Travel que se hicieron todas un mismo día, encima era domingo. Y la jueza que lleva el caso levantó un acta por falsedad documental. También comprobamos que Atiqa se recorrió todos los cajeros de Barcelona para sacar ese dinero en cantidades que no pasaban los 2.000 euros. Han hecho todo de manera muy torpe; se creían impunes».

Desde la Uccic aseguran que Ziani y Atiqa crearon otras estructuras para blanquear el dinero. Como la Federación de Entidades de Centros Culturales Islámicos de Catalunya («el dinero que estaba aprobado para la asociación lo desviaron a la cuenta de esta organización»), el Alto Comisionado de Cultura islámica, Asociación Unión de Centros Culturales de Cataluña o la Fundación Gran Mezquita. «Y luego están los pagos que hacían a sus colaboradores en metálico con el dinero que sacaban de todas estas asociaciones», añaden desde la Uccic. Se refieren a los confidentes y agentes de la DGED que viven en Cataluña.

Agentes infiltrados

«La mayoría son perfiles bajos, gente que se pasa todo el día en las mezquitas y en los barrios donde hay más musulmanes. Observan, escuchan y luego cantan a sus superiores. Pero también hay personas vinculadas a todos los partidos, porque a Marruecos ahora le interesa tener a su gente en todos los movimientos para fomentar el discurso marroquí de paz y tolerancia», apunta un ex diplomático marroquí afincado en España. Aquí aparecen nombres como el diputado socialista Mohamed Chaib, que estuvo en el Parlament de Cataluña mientras pertenecía al Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero, el organismo que dirige Abdellah Boussouf. También estaba muy relacionado con el espía Ziani. «Tenían un proyecto para repartirse la influencia de Marruecos en Cataluña. Chaib iba a controlar el ámbito cultural y Ziani el religioso», desvela el ex diplomático marroquí.

Un político de perfil más bajo que Chaib es Fouad El Jebli, candidato por el PDeCAT en Canovellas y que se reunió con Carles Puigdemont en Bélgica este abril. Un ex agente marroquí lo definió como «un espía inactivo pero infiltrado», que tiene como interlocutor a un agente de la DGED que trabaja en el Consulado de Marruecos en Barcelona.

Otra persona vinculada a los movimientos independentistas es Younes El Harrak. Aparece como administrador único de la agencia Aya Travels ( «Las mujeres lo pusieron allí a cambio de dinero, pero no tiene ningún poder de decisión. Declaró en el juzgado y dijo que no sabía nada, que sólo conocía a Atiqa»). El Harrak ha ejercido como imán en la mezquita Annour de Mataró y ahora forma parte de Nous Catalans. «Una organización -en la que también estaba el espía Ziani- vinculada a los partidos independentistas que se ha pasado estos años captando a marroquíes para la causa», asegura el ex diplomático. «A los que mandan en Rabat no les interesa que Cataluña consiga la independencia. No lo quieren ni lo aceptan porque es un discurso que puede salpicarles en la cuestión del Sáhara. Además, el independentismo catalán ha intentado vincularse con el activismo del movimiento rifeño. Otra cosa es que a una corriente islámica que está en los servicios secretos y dentro del Gobierno marroquí le interese mucho una desestabilización de España», añadía hace unas semanas a Crónica J., un agente del CNI experto en terrorismo.

Presiones desde Rabat

Después de que Atiqa compareciera por primera vez en el juzgado de Igualada (enero de 2017), Mimon Jalich, el actual presidente de la Uccic, recibió una llamada de un tipo de Melilla llamado Muhammad Khalifa: «Los de abajo (Rabat) están muy preocupados y quieren hablar contigo». Y Mimon, junto a otro empleado de la asociación, viajaron hasta la capital para reunirse con Mohamed Belahrech, el jefe de la DGEG en Rabat y propietario de la otra agencia tapadera, Elysee Travels. «Quiero que se acabe todo esto, no tengo tiempo para estas tonterías», les dijo Belahrech. «Es una vergüenza que llevéis a una mujer a los juzgados (Atiqa). Trabajáis para el CNI». Su estrategia era señalarlos como traidores para que no siguieran investigando. «Yo lo que quiero es que esto se solucione. ¿Cuánto me costaría?», sentenció Belahrech.

Semanas después de esa reunión, Mimon Jaich presentó un escrito de renuncia en el juzgado de Igualada, aunque ya era tarde porque la Fiscalía y la jueza estaban encima del caso. «Nadie me ha presionado ni comprado. Quise renunciar a seguir con la denuncia porque estos procesos son muy largos y costosos», defiende Mimon.

Lo que no sabe -o no quiere saber- es que todo esta trama es una red global que no sólo se concentra en Cataluña. «En otros países como Francia y Bélgica montan sus agencias de espionaje financiadas con estas subvenciones públicas. Y lo mismo ocurre en asociaciones de Madrid o de Andalucía. Son muchos millones que se desvían a los bolsillos de unos cuantos y para pagar a los espías y confidentes», explica la fuente jurídica que lleva el caso.

 

 

 

Fuente: El Mundo

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