Irán: Preocupación por el corresponsal del New York Times

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By Souad Sbai

Irán, estalla el caso Thomas Erdbrink. Durante cuatro meses, el régimen jomenista impidió que el corresponsal en Teherán del New York Times trabajara y usara las redes sociales. El último artículo y el último Twitter del periodista holandés se remontan al 10 de febrero. Al parecer, a la censura no le ha gustado la tesis sobre los primeros 40 años de la República Islámica explicada con coraje por Erdbrink en su artículo donde certifica el fracaso obtenido a la hora imponer su dictadura ideológica al pueblo iraní, formado, en cambio por una clase media secularizada y por una nueva generación que continúa luchando por los derechos, especialmente por los derechos de las mujeres, a pesar de la brutal represión contra la oposición ordenada por el Líder Supremo, Ali Khamenei.

No hay información precisa sobre Erdbrink. Tampoco la declaración publicada por el New York Times el 10 de junio  en la que simplemente informa sobre la suspensión de sus credenciales periodísticas arroja luz. Durante estos cuatro meses, el periódico ha preferido extender un velo de silencio sobre el asunto, probablemente para no generar interferencias que podrían comprometer el destino del corresponsal. Sin embargo, el silencio ha contribuido a alimentar las especulaciones sobre las condiciones de seguridad en las que se podría encontrar Erdbrink. Lo cierto es que incluso a la esposa iraní del periodista, Newsha Tavakolian, se le prohibió desarrollar la actividad de fotógrafa profesional para la Magnum Photo Agency, explicó el New York Times.

La guerra que el régimen jomeinista ha declarado a la libertad de expresión y de prensa se ve así enriquecida con un capítulo nuevo e inquietante. Las denuncias realizadas por Amnistía Internacional y Reporteros sin Fronteras describen un escenario caracterizado por arrestos arbitrarios de periodistas, detenidos sin ser sometidos a un juicio y torturados en las famosas prisiones de los horrores (como la cárcel de Evin en la capital) por insultar a Khamenei u otros miembros de la República Islámica, o por haber publicado información considerada perjudicial para la seguridad nacional. ¿El trasfondo?: el control totalitario y policial sobre las comunicaciones con WhatsApp que se ha convertido en el enemigo número uno. Pero también Facebook, Twitter o YouTube son enemigos sujetos a bloqueos o pesadas restricciones.

Desde 1979, según los datos proporcionados por Reporteros sin Fronteras, 860 periodistas han entrado en prisión y entre ellos hay muchos presos condenados con la pena de muerte.

El caso de Erdbrink nos hace recordar el del reportero iraní-americano Jason Rezaian, sucesor de Erdbrink como corresponsal del Washington Post en Teherán, encarcelado durante 544 días por una acusación infundada de espionaje. Condenado en 2015 en un juicio celebrado a puerta cerrada, Rezaian fue liberado en 2016 como parte de un intercambio durante el que otros tres ciudadanos americanos de origen iraní fueron liberados y durante el que regresaron a la República Islámica siete de sus afiliados detenidos en Estados Unidos. El intercambio tuvo lugar cuando se firmó el acuerdo sobre el programa nuclear y Obama pagó al régimen jomeinista 400 millones de dólares en efectivo.

En las declaraciones del 10 de junio, el New York Times recordó la liberación de Rezaian, que se produjo en la época de la administración democrática, sugiriendo la existencia de un nexo causa-efecto entre la línea posición de Trump contra Teherán y el asunto del cual Erdbring es la víctima. Secuestros y las detenciones arbitrarias como herramienta de chantaje político y para obtener rescates generosos han sido una práctica del régimen jomeinista desde sus orígenes. Veremos si y cómo Trump logra desenredar este enredo.

 

 

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