CAOS ARGELIA / La nueva trampa de Bouteflika contra el pueblo argelino Tercera semana de protestas en Argelia. La gente quiere recetas contra la crisis y mayor laicidad pero Bouteflika prepara una sucesión dirigida

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De Souad Sbai


Tres semanas ininterrumpidas de protestas del pueblo argelino contra el régimen de Abdelaziz Bouteflika: el presidente de más de ochenta años, debilitado por una enfermedad que quería presentar su candidatura para conseguir su quinto mandato consecutivo. Pero sobre todo, un presidente que ha matado de hambre y ha oprimido al pueblo, dejando a su gente en las garras de los militares y de los Hermanos Musulmanes.

Una protesta que ha reunido a más de 2 millones de personas normales, moderadas y respetables. Hombres y mujeres. Unidos no solo contra el régimen de Bouteflika, sino contra el sistema de poder que le ha sostenido hasta ahora sin luchar contra el extremismo. Unidos a favor de un gobierno laico que les garantice no volver a sufrir las amenazas, la violencia, el hambre y la represión que han padecido durante más de 20 años.


Una protesta pacífica, sin los disturbios que se podrían esperar cuando millones de personas salen a la calle. Tanto es así que en estos días las imágenes que destacan son aquellas como la de Melissa Ziad, una bailarina que desfila en medio de la manifestación moviéndose con elegancia sobre las puntas; o el video, que se volvió viral en las redes sociales, en el que aparece un militar que se une a los manifestantes; o las gran cantidad de imágenes en las que aparecen familias al completo y mujeres sin velo. Señales claras e inequívocas de quienes piden, exigen y merecen libertad. Una protesta que ha cruzado las fronteras argelinas para llegar hasta Francia. No es casualidad que los manifestantes acusen al presidente Macron de una supuesta conspiración con las autoridades argelinas.

Es cierto que el pasado 11 de marzo, Bouteflika, oficialmente hospitalizado en Ginebra, hizo pública la noticia de que no tenía la intención de volver a presentar como candidato en las elecciones presidenciales; sin embargo, algo no cuadra. Especialmente es inexplicable porqué decidió posponer las elecciones sin abandonar realmente el poder ni comprometerse de manera concreta a hacerlo al final de esta “legislatura” (si es que se puede llamar así).

Lo que Bouteflika ha hecho es prometer una estructura de liderazgo interino gobernada por el actual ministro argelino del Interior, Noureddine Bedoui, considerado muy cercano a la familia del actual presidente. Un mandato útil, en su opinión, para planificar nuevas elecciones presidenciales, que se celebrarán tras la Conferencia nacional para la reforma política y constitucional.

Y aquí es donde surgen espontáneamente varias dudas. En primer lugar: ¿el presidente está actuando de manera seria o solamente es un engaño para ganar tiempo, verificar la reacción del pueblo e inducir a la gente a bajar la guardia apaciguando las protestas? O bien, al verse obligado a renunciar a su cargo debido a sus problemas de salud, graves hasta el punto de que en los últimos días incluso se difundió la voz de que había muerto, ¿no será que está preparando el terreno para una sucesión igualmente autoritaria?

Lo que sí sabemos es que, mientras tanto, Bedoui, como nuevo primer ministro, rápidamente anunció el nacimiento de un gobierno técnico compuesto por jóvenes. ¿Estamos seguros de que es solamente se trata de una fase de transición? ¿Y cuánto debería durar esta transición? En las “buenas” intenciones comunicadas por Bouteflika, hablamos de al menos un año. El resultado práctico e inmediato es que de las elecciones, que deberían celebrarse en abril, se pasa a otro año en el que el poder corre el riesgo de permanecer en las manos de quienes lo han manejado hasta ahora.

Esta es la razón por la cual el pueblo argelino no confía y sigue saliendo a las calles para manifestarse de manera incansable: quieren abolir Bouteflika, no las elecciones.

 

Il Sussidiario


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