Iranian Women’s Spring

La primavera de las mujeres iraníes

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De Souad Sbai

La absurda sentencia emitida por un tribunal de Teherán que condena a Nasrin Sotoudeh, una conocida activista que lucha por los derechos humanos de 55 años, es espantosa y representa los 40 años que han vivido las mujeres iraníes bajo la tiranía del régimen jomeinista. Las múltiples acusaciones contra Sotoudeh – quien en 2012 recibió el Premio Sájarov del Parlamento Europeo por la libertad de pensamiento – son en realidad una hipérbole atribuible a un único y simple objetivo: el hijab. Aparecer en público sin velo y oponerse activamente a la obligación de llevar el velo significa para los iluminados jueces jomeinistas haber cometido los delitos de conspiración contra la seguridad nacional, difusión de propaganda contra el Estado e incitación a la corrupción y a la prostitución. Por lo tanto, la amenaza intrínseca a ese trozo de tela vale 33 años de prisión, que se suman a los 5 años de prisión a los que Nasrin ya había sido condenada anteriormente por haber conspirado contra el Estado e insultado al Guía Supremo Ali Khamenei. Y por si eso no fuera suficiente, los carceleros de la Revolución tendrán que castigar a la activista con 148 latigazos.

Actuando de este modo, Khamenei y compañía muestran no solo su ferocidad, sino también su debilidad: es como si la supervivencia de la República Islamista de Irán dependiera del velo, que, cayendo de una vez por todas, podría acabar con 40 años de violencia y abusos. Para un régimen ideológicamente basado en la sumisión de las mujeres y consecuentemente en su discriminación política, social y jurídica es, por lo tanto, de vital importancia reprimir el movimiento contra el velo obligatorio puesto en marcha por miles de jóvenes iraníes a finales de diciembre de 2017. Un informe del Consejo de Derechos Humanos explica que las mujeres que han apoyado abiertamente las campañas online “My Stealthy Freedom” y “#whitewednesdays” han sido “acosadas por las autoridades” en repetidas ocasiones. Si con la sentencia ejemplar impuesta a Sotoudeh, el régimen pretende conseguir que estas mujeres se den por vencidas, está totalmente equivocado.

Su coraje y heroísmo siguen desafiando a la policía y al componente fundamentalista de la población, a pesar de los ataques sufridos durante las manifestaciones celebradas en lugares públicos con sus cabezas descubiertas y con el velo a punto de caer a la tierra junto con el régimen y sus representantes. Una verdadera pesadilla para el Líder Supremo, quien con el reciente nombramiento como presidente del poder judicial de Ibrahim Raeesi – involucrado en sangrientos episodios de represión de estudiantes disidentes – dio una señal inequívoca de su intención de acabar también con esta nueva forma de oposición no violenta, como ya sucedió con la Ola Verde 2009 y las revueltas sucesivas.

Ante la escalofriante realidad que viven las mujeres iraníes – víctimas de abusos y maltratos en el ámbito doméstico que constantemente ven cómo sus verdugos quedan impunes – es imposible no pensar en la indiferencia de tantas mujeres de Occidente, unos días después de las celebraciones del 8 de marzo, y en la complicidad existente entre muchas de estas mujeres y el régimen jomeinista, también en los pisos superiores de las instituciones europeas. Más allá de las denuncias realizadas por Amnistía Internacional y otras organizaciones no gubernamentales, las mujeres iraníes están llevando a cabo su propia batalla por los derechos y por la libertad, a pesar de las fuertes tensiones que separan a Occidente de la República Islamista. Sobre la mesa del debate encontramos: el terrorismo, las milicias, el programa nuclear y de misiles y todas las armas con las que Teherán amenaza a la paz y a la seguridad de Oriente Medio y de la comunidad internacional. Mientras tanto, los derechos humanos están completamente ausentes y son totalmente ignorados; solo se hace referencia a ellos en algunas declaraciones realizadas de cara a la galería. En cambio, en un Estado deshonesto como el Irán de los mulás, los derechos humanos y especialmente los derechos de las mujeres serían un formidable instrumento de presión con el que poder condicionar la evolución de las relaciones políticas y económicas.

La cuestión de las mujeres iraníes tiene un potencial explosivo, capaz de producir cambios reales en o del régimen, con consecuencias positivas en la paz y la seguridad. Por lo tanto, es suficiente para ayudar a Teherán y sus pasdaran a sortear las sanciones internacionales y es suficiente para cubrir sus cabezas frente a las “autoridades” de la República Islámica: las mujeres de Occidente deben apoyar a las mujeres iraníes para que su batalla tenga como resultado realmente una Primavera, que De todos los iraníes finalmente liberados de la opresión del régimen jomeinista.

Basta ya de ayudar a Teherán y a sus pasdaran a eludir las sanciones internacionales; Basta ya de cubrirse la cabeza ante las “autoridades” de la República Islamista: las mujeres de Occidente deben brindar su apoyo a las mujeres iraníes para conseguir que su batalla se convierta realmente en una Primavera; la primavera de todos los iraníes finalmente libres de la opresión del régimen jomeinista.

 

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