No to the agreement of the Muslim Brotherhood

No al acuerdo de los Hermanos Musulmanes

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De Souad Sbai


Inmediatamente después de la visita del Papa a Abu Dhabi, hay quien a intentando aprovecharse: la Asociación Nacional Italiana de Musulmanes (ANMI) ha presentado en Nardo una propuesta de acuerdo Estado-Islam que presenta puntos críticos sobre la poligamia y las mezquitas clandestinas. Algo incompatible con nuestro derecho.

La histórica visita del Papa Francisco a Abu Dhabi ciertamente ha dejado su huella pero hay que tener cuidado con las imitaciones. En Lecce – en Nardò exactamente – la fiebre de la interreligiosidad debe ser particularmente alta. Tanto es así que, en un claustro carmelitanos, tuvo lugar un evento bastante inusual: la presentación de una idea de acuerdo entre el Estado italiano y el Islam. Una iniciativa de los musulmanes italianos convertidos, reunidos en la autoproclamada Asociación Nacional Musulmana Italiana (ANMI) que cuenta con la bendición del alcalde de la ciudad ubicada en Puglia.


La presentación de este supuesto acuerdo requiere algunas consideraciones de mérito y de método.

La primera tiene que ver con la cuestión de la poligamia. Los musulmanes en Italia, de nacimiento o convertidos como los miembros de la asociación anteriormente mencionada, deben entender que no les ha sido otorgado el derecho a “renunciar a la poligamia”, como si fuera un hermoso gesto con el que es posible buscar un acuerdo con el Estado italiano en su laicidad. De hecho, la poligamia ya está prohibida por el artículo 3 de la Constitución italiana que establece la igualdad entre la mujer y el hombre; una igualdad que es la antítesis de la poligamia que se basa en la sumisión del componente femenino. Por lo tanto, la poligamia en Italia es completamente ilegal.

Luego también está la cuestión de las mezquitas abusivas que aquellos que proponen el presunto acuerdo están dispuestos a cerrar.

Por un lado, esta es la admisión de la existencia en territorio italiano, de norte a sur, de lugares de culto ilegales no autorizados, y muy a menudo utilizados como centros de adoctrinamiento y reclutamiento por parte de imanes improvisados y activistas relacionados con los Hermanos Musulmanes.

Por otro lado, cabe señalar que es el Estado el que tienen el deber de proceder con el cierre de estos centros, nadie más. Si luego el Estado italiano sigue sin tomar iniciativas en este sentido es un problema grave que se arrastra también junto al actual “gobierno del cambio”.

En la propuesta realizada por la asociación de convertidos italianos, por supuesto, no se habla sobre el tema del velo, ni siquiera se hace referencia a la aprobación de una ley que prohíba el uso del velo que cubre la cara en público. El islam “italiano,” por lo tanto, renuncia a la poligamia pero la mujer debe permanecer velada y sumisa. A este punto, sería interesante escuchar la opinión del alcalde de Nardò, así como la de los carmelitanos.

En cualquier caso, la ambición de convertirse en la guía del Islam en Italia manifestada por la asociación, “con el apoyo de los musulmanes de origen extranjero” corre el riego de mantenerse frustrada eternamente. El liderazgo se conquista con el voto y no parece que la asociación haya sido elegida para representar a las diversas asociaciones islámicas en Italia como tampoco ha sido elegida para representar a las asociaciones cuyos miembros son en su mayoría de origen italiano.

Queriendo obtener una mayor visibilidad, la ANMI se ha condenado al aislamiento dentro de la comunidad que dice representar. ¿Por qué no comparten su propuesta con las demás asociaciones? ¿Por qué no organizan un referéndum en el que la propuesta puede ser juzgada por las otras asociaciones y, por lo tanto, rechazada o adoptada por toda la comunidad islámica?

Además, ANMI parece querer promover la idea de hacer una clara diferenciación entre musulmanes convertidos italianos y no. Esto conlleva el riesgo de exacerbar la fragmentación ya existente dentro de la comunidad islámica, ofreciendo a los grupos y a las corrientes que son la expresión de los Hermanos Musulmanes un pretexto para reforzar aún más sus posiciones en un sentido de identidad y exclusividad.

Para acabar con la radicalización y con la agenda islamista de los Hermanos Musulmanes y de los Estados que les patrocinan – es decir, el Qatar de los emires Al Thani y la Turquía de Erdogan – es necesario que la diferenciación se base en las ideas, los programas y el tipo de visión del Islam y no en base a la nacionalidad o la pertenencia étnico.

Desde este punto de vista, la propuesta de ANMI no parece diferir de la de los Hermanos Musulmanes que ya está siendo transmitida por grupos que están formados también por los italianos convertidos a la versión más fundamentalista del Islam. El anuncio del cierre de mezquitas y la mal planteada “renuncia” a la poligamia no son suficientes: se necesitan gestos concretos que demuestren la oposición de ANMI a los Hermanos Musulmanes y además, sería conveniente aclarar sus fuentes de financiamiento.

De hecho, el peligro del disimulo, de la “taqiyya” tan querida por los Hermanos Musulmanes, que se aprovecha de la ingenuidad y del desconocimiento de sus interlocutores para promover la agenda islamista con fondos provenientes de Qatar o Turquía, siempre está al acecho .

Un esquema bien consolidado que siempre encuentra la manera de reencarnarse en nuevas formas, adaptándose a las circunstancias del momento y aprovechándolas astutamente. El uso y mal uso de la visita del Papa Francisco a Abu Dhabi continuará y es necesario que las instituciones, especialmente las religiosas, el mundo de la política y la sociedad civil no se rindan sino deben oponerse a la instrumentalización.


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