Libia: Italia debe oponerse a Qatar y a los Hermanos Musulmanes

Libia: Italia debe oponerse a Qatar y a los Hermanos Musulmanes Las relaciones con Qatar son cada vez más peligrosas para Italia

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De Souad Sbai


Las relaciones con Qatar son cada vez más peligrosas para Italia y lo son no solamente en el aspecto del aumento de la inseguridad interna debido al avance de la agenda extremista de los Hermanos Musulmanes, que cuentan con el apoyo financiero y la cobertura política de los emires de Doha. También lo son en el panorama internacional: la elección de Qatar como un interlocutor privilegiado en el Mediterráneo y en Medio Oriente se está volviendo cada vez más contraproducente para los intereses estratégicos nacionales.; el caso de Libia es emblemático.

La estabilización del país es un asunto de vital importancia para Italia, tanto en términos de seguridad contra el terrorismo yihadista, como en el asunto de la inmigración y en lo referente al abastecimiento de energía. Sin embargo, las facciones políticas y las milicias armadas – ramificaciones de los Hermanos Musulmanes, por quienes continúan decantándose todos los gobiernos de Roma desde la caída de Gaddafi – han demostrado ser “canallas”, al menos tanto como los Estados que los patrocinan, es decir, Qatar y su gran aliado, la Turquía islamista de Recep Tayyip Erdoğan.


De hecho, los Hermanos Musulmanes fueron los encargados de hacer descarrilar el proceso que, bajo la bandera de las Naciones Unidas, tendría que haber llevado a Libia a la reconciliación nacional a partir de la negativa a aceptar la derrota en las elecciones de junio de 2014. Las milicias de “Fajr Libia”, El Amanecer Libio de los Hermanos Musulmanes, obligó a los vencedores a huir de Trípoli y a trasladar el parlamento al sureste, a la ciudad de Tobruk, que posteriormente se convirtió en el bastión del general Khalifa Haftar, jefe del ejército regular y firme opositor a los Hermanos Musulmanes.

Reunidos en el Alto Consejo de Estado, órgano ilegítimo que pretende desempeñar funciones legislativas, los Hermandad Musulmana impidieron la celebración de nuevas elecciones en diciembre de 2018 según lo acordado por Haftar y Fayez al-Sarraj, presidente del consejo presidencial, el ejecutivo bendecido por la ONU, en la reunión de París celebrada el pasado mes de mayo con el presidente francés Emmanuel Macron. Los Hermanos Musulmanes, que tienen las llaves de la inseguridad de Trípoli, no han permitido que se celebren elecciones de nuevo, obviamente porque temen sufrir otra derrota. Una derrota que habría perjudicado también a Italia a favor del rival francés, como un socio privilegiado de Libia en Europa.

La Conferencia que tuvo lugar en Palermo el 12 de noviembre fue un intento de introducirse en las negociaciones entre Haftar y al-Sarraj, dejando la iniciativa de París en el expediente libio. Pero Haftar no ha hecho la vida fácil al gobierno italiano, manteniendo durante mucho tiempo la interrogación sobre su participación en la conferencia. El general ha hecho a Italia le pese su relación con los Hermanos Musulmanes, expresando su absoluta oposición a la idea de sentarse a la misma mesa con los islamistas. La llegada a Palermo, cuando ya habían iniciado los trabajos,permitió al primer ministro Giuseppe Conte salvar su imagen, dándole a entender que está dispuesto a colaborar y a trabajar junto a Italia, pero con una condición: que Roma diga ¡basta ya! a los Hermanos Musulmanes.

En la capital siciliana, Haftar evitó cuidadosamente mantener cualquier contacto con los representantes de los Hermanos Musulmanes y su presencia agitó las aguas de la casa islamista, obligando a la delegación turca a abandonar la Conferencia. Sin embargo, la mano tendida del general fue recibida por Conte solamente con motivo de la “photo opportunity” con al-Sarraj pero la posterior recepción reservada para los emires de Qatar durante su visita a Roma fue diversa. Desde el punto de vista de Tobruk, ver a la clase dirigente italiana lanzarse a los brazos de Doha durante la última cena celebrada en el Quirinale, debe haber sido un espectáculo poco gratificante. Las declaraciones realizadas por el diputado Ali al Saidi a “Il Giornale” no dejan lugar a dudas. Entre los representantes de la delegación de Tobruk presentes en Palermo, Ali al Saidi lanzó una clara advertencia a Italia: “Si quiere jugar un papel relevante en el futuro de Libia, debe alejarse de Qatar. La relación con Doha es indecorosa”. Además aconsejó al gobierno italiano a mantenerse alejado del gobierno qatarí.

Al Saidi advirtió sobre el hecho de considerar a Al-Sarraj como un líder neutral capaz de llevar a cabo su tan esperada reconciliación nacional ya que está muy cercano a los Hermanos Musulmanes. De hecho, en el consejo presidencial hay miembros de los Hermanos Musulmanes, de quienes al-Sarraj intenta desvincularse con mucha fatiga para seguir una línea independiente. “Il Giornale” explicó que en Palermo, durante la intervención de uno de los miembros de la delegación de Tobruk cerca de Haftar, la delegación de al-Sarraj junto con la del presidente del Consejo Superior de Estado, Khaled al Meshri, abandonaron la sala.

Aceptar reunirse con Haftar en París y Palermo, por lo tanto, parece responder a la necesidad de justificar el papel de interlocutor oficial que le asignó la comunidad internacional. Pero, de hecho, al-Sarraj no tiene un mandato real, ni por parte del pueblo libio ni por parte de los Hermanos Musulmanes, que tienen como rehén a Trípoli. El último asalto al consejo presidencial que tuvo lugar el 2 de diciembre de parte de cientos de manifestantes, encabezados por la milicia de “Fajr Libia”, es un ejemplo de las medidas adoptadas por los Hermanos Musulmanes para impedir que al-Sarraj actúe de manera independiente y en beneficio de Libia. Por lo tanto, más allá de las ambiciones personales, si Haftar continúa mostrándose reticente a la posibilidad de entregar el comando del ejército a al-Sarraj, es para evitar entregarlo en manos de los Hermanos Musulmanes.

Si el equilibrio entre las fuerzas sigue siendo el mismo que hoy, la intención mostrada en Palermo para llevar a cabo las elecciones a finales de 2019, siguiendo el camino indicado por el enviado especial de la ONU, Ghassan Salamé, está destinada a no cambiar. En cambio, si Italia se desconecta del polo islamista formado por Qatar, Turquía y los Hermanos Musulmanes para reivindicar su peso en favor de facciones moderadas, finalmente desempeñaría un papel decisivo en la estabilización de Libia y en la búsqueda de su propio interés nacional. Mejor demasiado tarde que nunca.

Fuente: L’Opinione


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