Hezbolá y la larga sombra de Teherán sobre Líbano

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De Souad Sbai

Después de haber estado más de dos años sin presidente de la República, ahora los libaneses se preparan para quedarse también sin primer ministro.

El Parlamento electo en las urnas el pasado 6 de mayo volvió a nombrar a Saad Hariri para el cargo de primer ministro. Sin embargo, la formación del ejecutivo sigue bloqueada debido a los vetos cruzados planteados por los diversos grupos políticos.

A Hezbolá le gustaría capitalizar la victoria electoral estableciendo un grupo ministerial políticamente desequilibrado a su favor, con el apoyo del bloque cristiano del presidente Michel Aoun y su yerno, el ministro de Relaciones Exteriores, Jibran Bassil. A este diseño se oponen Hariri, Samir Geagea del partido cristiano de las Fuerzas Libanesas y el líder druso Walid Jumblatt. En realidad, Hezbolá, junto con el otro partido chiíta Amal y los aounistas, obtendría la mayoría parlamentaria para dar vida a un ejecutivo expresión exclusiva de la presunta “resistencia”; para evitarlo es costumbre formar gobiernos de unidad nacional que representen lo más posible posible la realidad multiconfesional del país.

El proceso político libanés está por lo tanto estancado y el mal humor comienza a extenderse entre la opinión pública. No son precisamente pocas las personas que señalan a Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, acusados ​​de manipular al trío Hariri, Geagea y Jumblatt para que se oponga a cualquier posibilidad de acuerdo con Hezbollah y Aoun, alegando la asignación de una cantidad desproporcionada de ministerios en comparación con el número de parlamentarios obtenidos en las pasadas elecciones de mayo.

El periódico Al Akhbar, la leal agencia de prensa no oficial de Hezbolá, es el encargado de difundir esta interpretación distorsionada de la situación política actual en el Líbano. Pero lo que Al Akhbar y sus secuaces no dicen es que la redefinición en el Líbano de un bando político totalmente contrario a Hezbolá – una nueva emisión de la coalición “14 de marzo” – responde a la necesidad de contrarrestar las ambiciones hegemónicas que se sustentan en la poderosa milicia armada que tiene a su disposición, totalmente patrocinada por el régimen jomeinista al poder en Irán.

No hay razones para dudar que las capacidades militares de Hezbolá tienen una gran capacidad para administrar los asuntos públicos, especialmente a nivel local; pero esto hace que sea aún más preocupante que Hezbolá pueda consolidar su hegemonía atrayendo a un número cada vez mayor de libaneses a su trampa de consenso. El buen gobierno y la hábil práctica del soft power no están ni al servicio del Líbano ni del interés nacional, sino que están al servicio de los objetivos expansionistas de Teherán.

A través de Hezbolá, su principal ramificación regional, el régimen jomeinista pretende someter al Líbano, integrándolo por completo en su órbita geopolítica e ideológica. Una realidad que es imposible que no encuentre la oposición de los propios libaneses, quienes rechazan la idea de vivir en una República Islámica basada en el modelo jomeinista, así como la de aquellos países de la región que padecen la agresividad de las políticas iraníes desde hace años: Yemen, el Golfo,  Siria, Iraq o el Líbano. Además, también es necesario tener en cuenta la creciente convergencia entre Irán y Qatar, que hace que estos dos estados sin escrúpulos se posicionen en el mismo lado cada vez en mayor medida, incluso en el Líbano.

En el País de los Cedros, Doha está intensificando su campaña de compras – especialmente en el mundo de la política y en los medios de comunicación – y está recuperando las buenas relaciones establecidas previamente con Hezbolá, que se habían deteriorado debido a la crisis siria. Esta realidad provoca una gran preocupación en el Cuarteto Árabe Antiterrorista, liderado por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. El Cuarteto árabe Antiterrorista apoya a Yemen y proporciona su ayuda al gobierno legítimo e internacionalmente reconocido para liberar al país de la ocupación de las milicias Houthi que han sido armadas por Irán y que además cuentan con el respaldo de Qatar.

La historia libanesa, para ser leída correctamente, debe estar incluida en un contexto regional más amplio. Desde esta perspectiva, la convergencia entre importantes figuras políticas libanesas y el Cuarteto Árabe Antiterrorista no es más que una respuesta legítima ante los planes que tienen Irán y Hezbollah para el Líbano y Medio Oriente. Igualmente legítima es la petición de una solución política para la crisis siria con el fin de normalizar las relaciones entre Beirut y Damasco, ya que la urgencia de restablecer las relaciones diplomáticas con Assad beneficia principalmente a los intereses iraníes y de Hezbolá, no a los nacionales libaneses.

La resistencia de quienes no tienen la intención de someterse a la equivalencia entre Irán y Hezbolá y los intereses nacionales libaneses cuenta de nuevo con Hariri. Hezbolá compitió con el voto en el Parlamento para su re-designación como Primer Ministro con la convicción de encontrarse nuevamente frente a la figura maleable y condescendiente del pasado. En cambio, Hariri cambió de idea y finalmente eligió en qué lado posicionarse.

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