Yemen: ¿Hariri de qué parte está?

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De Souad Sbai

La guerra en Yemen se calienta también en el ámbito diplomático: en el punto de mira está el papel de Hezbollah apoyando a la milicia houthi, a su vez armada y financiada por Irán y Qatar.

Khalid Hussein Al Yamani – ministro de Asuntos Exteriores del gobierno yemení destinado temporalmente a Adén – ha sido el encargado de señalar al partido extremista libanés estrechamente vinculado al régimen de Teherán. En una carta enviada a su colega libanés Gebran Bassil, Al Yamani hizo referencia al discurso televisivo que el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, pronunció el 29 de junio. Un discurso equivalente a una admisión del apoyo ofrecido por parte de las milicias chiitas libanesas a las milicias chiitas yemeníes. De hecho, Nasrallah ha instado a los houthis a continuar con las hostilidades contra el ejército regular, declarando abiertamente “el deseo de su partido de luchar en Yemen contra la autoridad legítima e internacionalmente reconocida”.

Se trata de “una clara interferencia en los asuntos internos de mi país”, señaló Al Yamani, que amenaza con dañar seriamente la seguridad nacional de Yemen y que alimenta las llamas de la guerra “. De este modo, el ministro de Asuntos Exteriores yemení se convirtió en el portavoz de su gobierno para condenar “las declaraciones de Hezbollah, así como sus prácticas, incluyendo su participación en actividades de adoctrinamiento y la planificación, la incitación y el apoyo a los movimientos golpistas”. El gobierno yemení ha precisado que se reserva el derecho de plantear la cuestión ante la Liga Árabe, la Organización de la Conferencia Islámica y el Consejo de Seguridad”. Mientras tanto, al gobierno libanés se le pide “poner el freno a Hezbollah”.

La protesta de Al Yamani era un mensaje confidencial, pero el contenido de la carta fue publicada por Sky News, provocando reacciones en cadena en el mundo árabe, especialmente en la prensa y en el mundo político libanés. Bassil no ha realizado ningún comentario. El ministro ya se había distanciado previamente de la estruendosa y amenazante tormenta de Nasrallah. Para Bassil ha sido la primera vez; una señal de que el líder de Hezbollah ha ido demasiado lejos también para los aliados del gobierno.

Sin embargo, es inútil esperar amonestaciones y mucho menos que se tomen medidas por parte del actual ejecutivo ad interim, encargado de los asuntos vigentes hasta que se forme un gobierno definitivo, hijo de las elecciones del pasado mayo. Elecciones en las que Hezbollah resultó ser el ganador absoluto, confirmando su papel hegemónico en la política libanesa.

Por lo tanto, la apelación de Al Yamani al gobierno libanés está destinada a permanecer ignorada, especialmente si tal y como parece, Saad Hariri es nuevamente nombrado primer ministro; un cargo que en base a las reglas del sistema multiconfesional libanés está reservado para los líderes sunitas.

La indulgencia de Hariri hacia Hezbollah ha sido objeto de críticas durante mucho tiempo. ¿Por qué, a pesar de haber sufrido una importante derrota electoral, Hariri desempeñará el papel de primer ministro nuevamente? La respuesta es simple: porque tiene el beneplácito de Hezbollah. De hecho, para volver al juego político libanés, tras su “autoexilio” en París, Hariri aceptó la hegemonía de Hezbollah, a pesar de no haber abandonado formalmente el puesto de líder de la comunidad libanesa sunita, al menos a los ojos de los medios de comunicación internacionales y occidentales. La denominada “detención” de Hariri en Arabia Saudí también se explica por la decepción de Riad en relación con un personaje sobre el que la monarquía saudí había invertido de manera considerable, sobre todo a nivel económico, por ser su punto de referencia en el Líbano.

La indulgencia del primer ministro hacia Hezbollah, así como los alegres flirteos con Qatar y Turquía, probablemente empujaron a Riad a ese gesto. Sin embargo, nada parece haber cambiado desde entonces y Hariri se está preparando para calzar nuevamente los zapatos de primer ministro. ¿Sabrá o querrá poner freno a la hegemonía de Hezbolá en el Líbano? ¿O permitirá que el Líbano sea arrastrado por el conflicto yemení, como ya ocurrió con el conflicto sirio?

La intención de Hezbollah podría ser reactivar las maniobras en Yemen, ante el declive gradual de la crisis siria, donde los milicianos de Nasrallah parece que están obteniendo mucho menos de lo deseado en términos de territorio e influencia, a pesar del gran esfuerzo bélico realizado. Por lo tanto, es necesario desviar la atención hacia otra zona, desde Siria a Yemen, para continuar la guerra de la supuesta resistencia, un lema que sirve para ocultar los objetivos puramente confesionales y sectarios perseguidos por Hezbollah y su padrino iraní: expandir la revolución jomeinista en salsa chiíta en todo el Medio Oriente. Y Sana’a, la capital histórica de Yemen, todavía ocupada por los Houthi, está a solo 800 kilómetros de La Meca…

(*) L’Opinione

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