Ataque frustrado en Berlín, emergencia Jihad salafita

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de Souad Sbai (*)

Seis arrestados en Alemania: querían atacar la maratón de Berlín. Pero el alivio por el atentado frustrado deja la preocupación por el crecimiento exponencial de los extremistas islámicos, más del doble en los últimos 5 años.


Seis arrestos, seis sujetos que habrían atacado durante la media maratón de Berlín. Probablemente vinculados a la célula de Anis Amri, el terrorista que golpeó Berlín, estaban armados con cuchillos y, aparentemente, con machetes. El yihadismo salafista, afortunadamente, fue cortado de raíz cuando estaba a punto de atacar en lo que se llamó el atentado de Münster, ese que para la opinión pública significó ser la obra de un loco; algo que tras los últimos arrestos es aún más difícil de creer ya que el terrorista se suicidó y los muertos no pueden hablar.

Esto nos hace reflexionar una vez más sobre la alarma salafista que lleva circulando por Alemania desde hace meses y que los partidos de derecha, no alineados con el pensamiento único de bienvenida sin síes ni peros, intentan aclarar: en cinco años, explicaron los exponentes del AfD (Alternativa para Alemania), el número de salafistas en Alemania aumentó de 5 mil a 11 mil; y estos son solo los conocidos ya que de los que están en la sombra no se sabe nada. No se conoce a quienes desde fuera de las mezquitas y los centros culturales se radicalizan, se convierten al salafismo más extremo, al modo yihadista.

Existe un dato que es aún más perturbador: la presencia de los foreign fighters, los combatientes que regresan de los teatros de la yihad de Siria e Irak: aproximadamente mil combatientes partieron de Alemania para unirse a las filas de ISIS y parece que unos 270 ya han regresado. Según el análisis publicado desde Berlín, una cuarta parte de estos sujetos colabora con las autoridades, mientras que la mitad sigue estando profundamente unida al entorno radical y salafista. En resumen, continúan haciendo lo que estaban haciendo, sin ser molestados.

Si sumamos estos, los otros salafistas, yihadistas, extremistas, proselitistas y radicales de cualquier tipo relacionados con el propagandismo de los Hermanos Musulmanes, podemos estar totalmente de acuerdo con quienes desde Alemania hablan de “bombas de relojería”, explosivos listos usar, a la espera de ser activados para su detonación.

Desde hace tiempo, Europa ha perdido la batalla contra el extremismo, proporcionando “armas” a quienes pretenden desestabilizar el tejido social europeo, gracias al buenismo exasperado y al políticamente correcto que quiere tratar a los yihadistas como enfermos que deben ser curados, como inadaptados que deben reintegrarse. No es coincidencia que muchos ciudadanos de Alemania, el corazón palpitante de la Unión Europea, acusen a Angela Merkel de haber gestionado las políticas de inmigración de manera inaceptable; y cuando quiso dar marcha atrás ya era demasiado tarde.

Los atentados, realizados o frustrados, los camiones entre la multitud, los muertos, los heridos o la sangre no son más que el efecto devastador de la impotencia autoinducida de Europa, para la que un círculo cerrado de burócratas ha decidido la muerte programada.

Estos hechos se producen pocos días después de la operación antiterrorista en Italia que permitió desmantelar la red de Anis Amri, terrorista que atacó en Alemania, en Berlín. La reflexión a menudo se nutre de uniones y asonancias y en este caso complementan la sospecha de una voluntad yihadista y advierten un hecho: tan pronto como se desmantela una red, aparece otra lista para atacar.

(*) La Nuova Bussola Quotidiana

 

 


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